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Morfología del blastocisto, anomalías cromosómicas y género del embrión

Laura Gil Aliaga
Laura Gil Aliaga
Especialista en Reproducción Asistida
Actualizado: 23/01/2011

Relación existente entre la morfología del blastocisto, las anomalías cromosómicas y el género embrionario.

Para poder conseguir la mayor eficacia en las tasas de embarazo en los ciclos de tratamiento de fecundación in vitro (FIV) necesitamos conocer más a fondo el embrión con mayor potencial implantatorio para que pueda producir un embarazo.

La mayoría de los datos que se tienen en cuenta para poder averiguar esto, o al menos intentarlo, son los criterios morfológicos, el tamaño celular, la multinucleación y la tasa de fragmentación del propio embrión.

Detectar alteraciones cromosómicas

Aún así, parece que estos datos, hoy en día, se nos quedan cortos. Muchas veces, embriones con una morfología estupenda y muy buen pronóstico no dan embarazo y, por el contrario, otros con un potencial implantatorio muy bajo, dan embarazo con un niño sano a término.

Esto, en la mayoría de los casos, se debe a las anormalidades cromosómicas numéricas (aneuploidías) y por esto, muchos estudios han intentado relacionar la morfología embrionaria alterada y las tasas de aneuploidías.

En el estudio presente, lo que se ha tratado de hacer es correlacionar la hibridación genómica comparativa (CGH), que puede proporcionar el número de los cromosomas existentes, junto con la morfología de los blastocistos en estudio.

Samer Alfarawati, M.S. a,b Elpida Fragouli, Ph.D., a,b Pere Colls, Ph.D., c John Stevens, M.S., d Cristina Gutiérrez-Mateo, Ph.D., c William B. Schoolcraft, M.D., d Mandy G. Katz-Jaffe, Ph.D., d and Dagan Wells, Ph.D., F.R.C.Path. a,b

a Nuffield Department of Obstetrics and Gynaecology, John Radcliffe Hospital, Oxford, United Kingdom;
b Reprogenetics U.K., Institute of Reproductive Sciences, Oxford Business Park North, Oxford, United Kingdom;
c Reprogenetics, 3 Regent Street, Suite 301, Livingston, New Jersey; and
d Colorado Center for Reproductive Medicine, Lone Tree, Colorado

El estudio se centra en el Centro de Medicina Reproductiva en Colorado (EE.UU), donde se analizaron los datos de los tratamientos de fecundación in vitro realizados a 93 pacientes.

Para ello, cada una de las pacientes tuvo que firmar los consentimientos informados pertinentes, no sólo para el proceso de fecundación in vitro, sino para poder usar sus datos dentro de un estudio sujeto a publicación. Dicho estudio, se inició una vez fue aprobado por el Comité de Asuntos Institucionales.

Las pacientes que se incluyeron en el estudio estaban en una edad entre los 31 y los 47 años, siendo el promedio de 38,5 años. Las pacientes que se incluyeron en el estudio del cribado cromosómico poseían una o más de las siguientes características: edad reproductiva avanzada, es decir más de 35 años, fallos de FIV o abortos.

Entre todas las pacientes sometidas al estudio, se biopsiaron 500 embriones, los cuales se vitrificaron tras extraer la blastómera pertinente para esperar al resultado del análisis cromosómico y, de esa manera, los embriones euploides, descongelarlos y transferirlos al útero materno.

Los embriones que se estudiaron, se llevaron a estado de blastocisto, por ello, sólo los que consiguieron alcanzar ese estadio pudieron ser analizados. La escala de valoración se hizo bajo la nomenclatura de Garden y Schoolcraft, de uno a seis, es decir:

1. Blastocisto temprano: el blastocele no llega a la mitad del volumen del embrión.

2. Blastocisto: el blastocele ocupa más de la mitad del volumen del embrión.

3. Blastocisto Completo: el blastocele llena al embrión por completo.

4. Blastocisto Expandido: el blastocele es más grande que el propio embrión.

5. Blastocisto realizando el hatching.

6. Blastocisto Hatching.

Luego, para aquellos que estaban entre un grado 3 y un 6 se les hizo una segunda valoración al microscopio para ver su masa celular interna (IMC) y las células de su trofoectodermo (TE). Para esto, también siguieron una clasificación:

Masa celular interna:

1. Compactada con muchas células.

2. Agrupada con varias células.

3. Muy pocas células.

– Células del Trofoectodermo:

1. Un paquete compacto con muchas células.

2. Pocas células formando un epitelio suelto.

3. Muy pocas células grandes.

Para poder hacer la hibridación genómica comparativa, Wells estableció un protocolo a seguir, al que se le hicieron algunas puntualizaciones. Las blastómeras biopsiadas de cada embrión se lisaron para extraerle el DNA y realizarle una amplificación PCR, tras lo cual se sometió a una hibridación con fluorocromo que se valoró posteriormente al microscopio de fluorescencia para saber si la mezcla había ganado, perdido o se había mantenido igual en cuanto a tamaño de DNA.

De todos los blastocistos examinados, el 56,7% de ellos eran normales cromosómicamente hablando (283 de 500). El resto eran aneuploides, pero no todos con la misma “patología” sino que la variedad de diferencias cromosómicas presentadas fue muy amplia, pero las monosomías y las trisomías, aparecían casi en la misma proporción. Se detectaron algo más de 450 anomalías, 30 de las cuales eran a base de ganancias o pérdidas de cromosomas, que en su mayoría afectaba a los cromosomas más grandes, las parejas del 1 al 11 y el cromosoma X.

No hubo diferencias significativas en la tasa de desarrollo embrionario euploide con respecto a los aneuploides. Por otro lado, se vio que las aneuploidías estudiadas estaban en el mismo porcentaje tanto de embriones varones como de hembras, lo que quiere decir que la tasa de aneuploidía no es influenciada por el género del embrión, de las misma forma que con el ICM y la TE.

Por el contrario, sí parece haber una correlación entre el ICM y la tasa de aneuploidías, puesto que en los euploides el ICM es compacto y con muchas células en un 20% más de diferencia que con los aneuploides. Parece ocurrir exactamente lo mismo que con el ICM con las células del trofoectodermo, así que volvemos a ver diferencias significativas.

Estudios previos han documentado asociaciones entre aneuploidías y varias morfologías anormales distintivas 14,15,16,17,18, 19, 20, 21, 22, 23, 24, 25. Sin embargo, en la mayoría de los casos la correlación ha sido débil y todavía no se ha identificado ningún marcador morfológico que permita precisar la diferencia de embriones euploides de aquellos que no lo son. Esto puede demostrar que la morfología no es una herramienta adecuada para detectar las aneuplodías de forma unilateral y exclusiva.

Más de la mitad de los blastocistos evaluados eran anormales cromosómicamente hablando, observando, además, una fuerte asociación entre edad materna y aneuploidía. El cromosoma más afectado por la edad fue el 21, que se incrementó en 10 veces más con la edad de la paciente.

Las anomalías que más se presentan en los cromosomas más grandes son las monosomías y las trisomías, hecho que no se ve reflejado en el estudio prenatal y quiere decir que son fallos letales para el embrión.

Resumiendo, la mayoría de las formas de aneuploidía mostraron ser compatibles con la formación de blastocistos, aunque tendieron a tener la mayoría del material cromosómico involucrado, el desarrollo más lento y la morfología más pobre de los blastocistos. Evidentemente, la morfología y la aneuploidía de los blastocistos están ligadas, pero aún no podemos contar con el análisis morfológico para asegurar la transferencia de embriones cromosómicamente normales.

Una proporción significativa de embriones aneupliodes son capaces de lograr puntuaciones morfológicas más altas y algunos embriones euploides son morfológicamente pobres. En el presente estudio, los métodos invasivos de muestras embrionarias continúan siendo el único medio efectivo para detectar aneuploidías en el estadio de blastocisto.

Fuente: Fertility and Sterility, 2010

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