Lo primero sería distinguir dos escenarios posibles: una paciente con hipertensión crónica conocida y bien controlada que se somete a una transferencia o un pico tensional previo a la transferencia.
Si hablamos de un pico tensional, sí sería conveniente poner tratamiento para normalizar las tensiones si están muy elevadas o, incluso, posponer la transferencia.
En cuanto al primer caso, es decir, la hipertensión crónica conocida es más frecuente. La hipertensión crónica es una enfermedad frecuente y asintomática que puede suponer un riesgo para el embarazo. A veces, se complica con lo que llamamos Estados hipertensivos del embarazo, como la preeclampsia. Por todo esto, sería muy importante ajustar las cifras tensionales de la paciente para disminuir el riesgo. Además, algunos de los fármacos más usados para la hipertensión no son adecuados para el embarazo: son los grupos de los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina o los ARA-II.
Desde este punto de vista, es fundamental una buena planificación preconcepcional. Debería cambiarse el tratamiento a alfa-metildopa o labetalol. Incluso podría estar indicada una derivación a otros especialistas: nefrología, medicina interna o cardiología para optimizar el control tensional o investigar otras causas.
En cuanto a la preparación endometrial, podría ser preferible, a ser posible, transferencia en ciclo natural, pues algunos estudios sugieren un menor riesgo de desarrollo de trastornos hipertensivos del embarazo. Puede valorarse hacer una transferencia con ácido acetilsalicílico a bajas dosis, que se utiliza para prevenir la preeclampsia.
Por último, la presencia de hipertensión crónica y algunos factores como la ovodonación, son tenidos en cuenta cuando se realiza el cálculo de riesgo de preeclampsia en el primer trimestre
