Si la embarazada y el bebé están estables, lo ideal sería esperar hasta la semana 37-38 de gestación para inducir el parto.
En caso contrario, si se detectara cualquier complicación gestacional adyacente al desprendimiento de la placenta como retraso en el crecimiento fetal, preeclampsia, alteraciones en la mujer, etc. entonces lo recomendable sería inducir el parto.
Si ocurriera esta situación entre la semana 23 y 34, se le administrará a la embarazada corticoides para ayudar a la maduración de los pulmones del bebé. Además, es recomendable que la mujer se mantenga en reposo absoluto.
Puedes leer el artículo completo en: ¿En qué consiste el desprendimiento de placenta y por qué ocurre? ( 449).
Puedes leer el artículo completo en: Semana 34 de embarazo: cambios en el bebé y en la madre ( 252).

Silvia Azaña Gutiérrez
Graduada en Biología Sanitaria por la Universidad de Alcalá y especializada en Genética Clínica por la misma universidad. Máster en Biotecnología de la Reproducción Humana Asistida por la Universidad de Valencia en colaboración con el Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI).
Número de colegiada: 3435-CV