Silvia Azaña, embrióloga en Reproducción Asistida ORG, nos cuenta en este vídeo las fases de la implantación embrionaria:
La primera fase de la implantación embrionaria es la eclosión y precontacto. Sobre los días 5 y 6 de desarrollo, el embrión comienza a eclosionar hasta que se desprende de la zona pelúcida. La zona pelúcida es esa capa externa que lo protege en los primeros días tras la fecundación.
A medida que el embrión va aumentando su tamaño, la zona pelúcida se va adelgazando hasta que finalmente se rompe. El embrión logra salir de ella a través de una serie de contracciones y comienza el contacto con el endometrio. En pacientes que se encuentren en un tratamiento de fecundación in vitro es posible transferir al útero blastocistos ya eclosionados, bien porque la eclosión ha sucedido en cultivo o bien porque se ha realizado un hatching asistido. El hatching o eclosión asistida puede favorecer en ciertos casos la implantación embrionaria.
Y aquí es importante mencionar que la elección de tu tratamiento no se trata solo de una decisión médica. Hay otros factores que debes tener en cuenta para asegurarte que vas a iniciar el tratamiento que más se ajusta a tu situación. Si accedes a nuestra guía Fertilidad con Cabeza, podrás encontrar la clave para elegir tu tratamiento.
La siguiente fase de la implantación embrionaria es la aposición. En esta fase juegan un papel muy importante los llamados pinópodos. Son unas proyecciones citoplasmáticas de las células epiteliales endometriales que ayudan al blastocisto a entrar en contacto. Estos pinópodos son claros marcadores morfológicos de receptividad endometrial. Solo aparecen durante la ventana de implantación, desapareciendo alrededor del día 24 del ciclo.
La siguiente fase es la fase de adhesión. El trofoectodermo del blastocisto se adhiere al epitelio endometrial. Queda unido gracias a la acción de las moléculas de adhesión. Esto sucede unos 7 días tras la fecundación, cuando el blastocisto ya tiene un diámetro de unas 300 400 micras.
Y por último, la fase de invasión. El blastocisto, más concretamente el trofoblasto o trofoctodermeoembrionario, prolifera hacia el endometrio, desplaza a las células epiteliales y finalmente invade el estroma endometrial. Así llega a hacer contacto con la sangre materna. Todo este mecanismo de invasión está controlado por las citoquinas. Son moléculas que actúan como mediadores de la implantación y permiten el diálogo entre el embrión y el endometrio.
En respuesta a este diálogo se inicia la diferenciación del trofoblasto en citotrofoblasto y sincitiotrofoblasto. El sincitiotrofoblasto es el que adquiere esta capacidad invasiva.
Esta destrucción del endometrio durante la invasión del sincitiotrofoblasto es la causante del conocido como sangrado de implantación. Es un sangrado vaginal ligero relacionado con la implantación, pero no siempre se produce.
Y finalmente decir que aunque a simple vista pueda parecer sencillo que un blastocisto implante en el endometrio materno, lo cierto es que es un proceso de gran complejidad y que todavía no se conoce por completo.
