Históricamente en las guías de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha recomendado siempre entre 2 y 7 de abstinencia para los análisis de muestras seminales. Sin embargo, la evidencia científica más reciente nos invita a replantear esta norma. Al parecer, una abstinencia prolongada puede llegar a ser desfavorable para la fragmentación del ADN espermático.
Para entender este hecho hay que tener en cuenta que no sólo es importante el momento de la formación de los espermatozoides, sino que también lo es el lugar dónde se almacenan después: el epidídimo. Éste no es un mero almacén, sino que es un entorno dinámico. Parece ser que los espermatozoides que permanecen allí demasiado tiempo están expuestos a un mayor estrés oxidativo derivado de la acumulación de espermatozoides envejecidos y glóbulos blancos. Dicho estrés oxidativo afecta directamente a la integridad del ADN.
Teniendo en cuenta lo anterior, una eyaculación frecuente podría actuar como un mecanismo de limpieza. De hecho, la evidencia científica actual apunta hacia una reducción del “índice de fragmentación” con periodos de abstinencia cortos (≤2 días) en comparación con esperas más largas.
Como conclusión, podemos decir que las recomendaciones de la OMS en cuanto a la abstinencia se publicaron para estandarizar el seminograma básico, pero no para maximizar el potencial biológico del espermatozoide. La evidencia científica actual sugiere que para estudiar la fragmentación espermática con precisión y buscar resultados óptimos el rango de 24-48h sería más adecuado.
De todas formas, recuerda siempre validar esta pauta con tu clínica de reproducción asistida. Cada caso es único y tu embriólogo/andrólogo podrá adaptar esta recomendación según tu historial clínico específico, el laboratorio de análisis y la técnica correspondiente.
