La realidad es que la decisión se debe evaluar caso por caso. Si optamos por el cultivo corto, el proceso es menos complejo y nos da la tranquilidad de que si partimos de pocos embriones, hay más opciones de tener alguno disponible para el momento de la transferencia.
En cambio, alargar el cultivo hasta blastocisto actúa como un filtro natural. Nos permite elegir con más precisión, dado que solo los embriones con mayor capacidad para implantarse consiguen llegar hasta esa fase.
En definitiva, la elección ideal será la que mejor se adapte al historial y a las características únicas de cada paciente, aunque la tendencia actual es transferir un único embrión en estadio de blastocisto, cultivo largo, por los buenos resultados que ofrece.
Puedes leer el artículo completo en: Cultivo de embriones en el laboratorio de fecundación ‘in vitro’ (FIV) ( 207).

Silvia Azaña Gutiérrez
Graduada en Biología Sanitaria por la Universidad de Alcalá y especializada en Genética Clínica por la misma universidad. Máster en Biotecnología de la Reproducción Humana Asistida por la Universidad de Valencia en colaboración con el Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI).
Número de colegiada: 3435-CV