Silvia Azaña, embrióloga en Reproducción Asistida ORG, nos cuenta en este vídeo curiosidades del laboratorio de FIV que los pacientes no pueden ver:
Cuando una mujer o pareja inicia un tratamiento de reproducción asistida, gran parte de la atención se centra en las consultas, las pruebas o la medicación. Pero hay una parte fundamental del proceso que sucede lejos de la vista de los pacientes: el laboratorio.
El laboratorio de reproducción asistida suele ser la parte más desconocida de la clínica. Para la mayoría de los pacientes es un espacio cerrado al que no tienen acceso, y es completamente normal que eso genere cierta incertidumbre. Y aunque muchas personas saben que allí se trabaja con los óvulos, los espermatozoides y los embriones, suelen desconocer todo lo que ocurre detrás.
Hoy te cuento algunas curiosidades sobre cómo se trabaja ahí dentro.
En primer lugar, el ambiente. En un laboratorio de fecundación in vitro (FIV) se suele trabajar con luces tenues para no alterar a los óvulos y embriones, la temperatura y la humedad están estrictamente controladas, y el aire que entra está filtrado y ultrapurificado.
Además, se utilizan sistemas de monitorización continua que permiten controlar que las condiciones ambientales se mantengan estables las 24 horas del día.
Otra de las dudas más frecuentes es la seguridad: ¿pueden confundirse mis muestras? La realidad es que existen sistemas de trazabilidad. Cada muestra lleva una identificación única y se utilizan sistemas de vigilancia electrónica o protocolos de doble verificación humana en cada paso crítico. Todo está protocolizado para tener un control absoluto.
Los embriones pasan la mayor parte del tiempo en incubadores que reproducen unas condiciones muy similares a las que encontrarían dentro del cuerpo humano. La temperatura, la concentración de gases o la humedad están cuidadosamente controladas para favorecer su desarrollo.
Y también es interesante cómo se observa a los embriones. Gracias a los incubadores con tecnología Time-Lapse, ya no necesitamos sacarlos para ver cómo evolucionan. Estos incubadores tienen cámaras incorporadas que graban su desarrollo las 24 horas del día. Así se mantiene su entorno inalterable y, al mismo tiempo, se obtiene información clínica valiosa sobre su desarrollo.
Por último, el nivel de precisión. Técnicas como la ICSI, donde se selecciona e introduce un único espermatozoide dentro del óvulo, se realizan utilizando micromanipuladores y pipetas que son mucho más finas que un cabello humano.
Aunque los pacientes no suelen verlo, el laboratorio es una de las piezas más importantes de un tratamiento de reproducción asistida. Entender que es un entorno de altísima seguridad, tecnología y precisión te ayudará a vivir esta parte del proceso con más tranquilidad.
