Marta Barranquero, embrióloga en Reproducción Asistida ORG, nos cuenta en este vídeo que tan probabilidad es que una beta hCG sea cero por la transferencia de embrión aneuploide:
En primer lugar, cuando se habla de beta cero, en realidad no suele ser así. Las máquinas que procesan las muestras de sangre tienen un límite de detección y, por ello, el umbral mínimo de lectura puede ser inferior a 0.2 - 0.5 mu/mL, aunque dependerá de la sensibilidad de la prueba.
Teniendo esto en cuenta, es completamente normal obtener una beta negativa tras la transferencia de un embrión aneuploide. Las alteraciones cromosómicas son, de hecho, la principal causa del fallo de implantación. Cuando un embrión no posee la dotación genética correcta, su maquinaria celular suele detenerse antes de lograr adherirse al útero. Al no haber ninguna invasión en el tejido endometrial, el embrión no segrega la hormona hCG y, por tanto, la prueba de embarazo resulta negativa.
Es cierto que algunos embriones aneuploides consiguen iniciar la implantación y producen una beta bajita antes de detenerse (lo que desencadena un aborto bioquímico, como le ocurrió a tus amigas), pero la ausencia de implantación es un escenario también posible.
Pese a todo ello, no solo el factor embrionario es el causante de una beta negativa. También es posible que no se lograra el embarazo por factores relacionados con el estado del endometrio o, incluso, factores sistémicos como las trombofilias, las alteraciones inmunológicas, etc. Es por esto por lo que sería recomendable realizar pruebas adicionales antes de volver a intentar otro ciclo de FIV, Si te gustaría conocer cuáles, puedes acceder a nuestra Guía Gratuita Fertilidad con Cabeza.
