El ciclo menstrual dura por término medio 28 días contados desde el primer día de la regla hasta el primer día del siguiente sangrado. Los criterios de normalidad menstrual consideran que un ciclo es regular si dura entre 24 y 38 días, con un sangrado de hasta 8 días y una variación entre el ciclo más corto y el más largo menor de 7–9 días, según la edad.
Las causas más frecuentes de ciclos irregulares incluyen:
- Embarazo: debe ser la primera exclusión ante un retraso menstrual en mujeres con ciclos previamente regulares.
- Síndrome de ovario poliquístico (SOP): es la causa más frecuente de anovulación crónica en mujeres en edad reproductiva.
- Disfunción tiroidea e hiperprolactinemia.
- Amenorrea hipotalámica funcional: relacionada con estrés psicológico, bajo peso, ejercicio físico intenso o déficit energético.
- Insuficiencia ovárica prematura y transición a la perimenopausia.
- Obesidad: puede alterar la ovulación y reducir la fertilidad incluso en ausencia de SOP.

Existen otras causas menos frecuentes como hiperplasia suprarrenal congénita no clásica, tumores adrenales u ováricos secretores de andrógenos, síndrome de Cushing, acromegalia, consumo de algunos fármacos y causas anatómicas como sinequias.
Las guías internacionales recomiendan descartar, como causas más prevalentes de ciclos menstruales irregulares: embarazo, disfunción tiroidea, hiperprolactinemia, síndrome de ovario poliquístico e insuficiencia ovárica prematura.
Tener reglas irregulares no significa necesariamente ser infértil, pero sí puede ser una señal de que la ovulación no ocurre de forma regular. Muchas mujeres con ciclos irregulares consiguen su embarazo de forma espontánea. Sin embargo, si los ciclos son habitualmente mayores de 40 días, hay menos de 8 reglas al año o hay ausencia de regla durante más de tres meses, es recomendable consultar de forma precoz con un ginecólogo. Éste hará una evaluación que incluirá una historia clínica detallada, exploración física, ecografía transvaginal y analíticas hormonales para identificar la causa y poder recomendar cambios en el estilo de vida, un tratamiento médico o las técnicas de reproducción asistida más adecuadas.
