En primer lugar, debemos tener en cuenta que algunos de los tratamientos que prescribimos pueden producir sangrado. No es inusual que los óvulos de progesterona administrados por vía vaginal produzcan sangrados del cuello uterino. Se trata de un sangrado irritativo que suele ser de un color rojo vivo e indoloro, y que posteriormente puede tornarse marrón oscuro.
Además, en caso de que haya ocurrido la implantación embrionaria, aumentan los niveles de estrógenos y la vascularización del útero, tanto a nivel de cuello como de endometrio. La progesterona también influye en esa vascularización, lo que favorece el flujo sanguíneo necesario para el desarrollo del embarazo. Es por ello, que en ocasiones los mismos óvulos pueden producir sangrados a nivel cervical.
Por otra parte, cada día más pacientes utilizan tratamientos coadyuvantes durante el tratamiento de fecundación in vitro, como antiagregantes plaquetarios (aspirina) o anticoagulantes (heparina). En ocasiones, estas terapias también pueden favorecer sangrados que no afectan la evolución del tratamiento.
Por este motivo siempre se insiste en la necesidad de comprobación del resultado del tratamiento mediante la extracción de una muestra de sangre para valorar la beta hCG en el día indicado, aunque existan sangrados. Si realizamos la prueba de gestación en orina y antes del día adecuado, podemos encontrarnos con falsos negativos.

A modo de resumen, podemos decir que en un tratamiento de fecundación in vitro puede existir sangrado y este puede ser normal y no indicar fracaso del tratamiento. Por ello, es de suma importancia no interrumpir el tratamiento con progesterona en ningún caso. En caso de producirse ese sangrado, hay que comunicarlo al equipo médico que lleva su caso, para que se tomen las medidas pertinentes en cada caso.
