El blastocisto es el estadio embrionario que se alcanza entre el día 5 y 6 tras la fecundación. La valoración de la calidad en este estadio se realiza en base a la expansión/crecimiento y morfología.
Un blastocisto temprano (grado de expansión entre 1 y 3) está en la fase inicial de expansión, mientras que un blastocisto tardío (grado de expansión entre 4 y 6) está completamente expandido y listo para la implantación.
La probabilidad de implantación de un blastocisto está influenciada por varios factores, entre ellos su grado de desarrollo y calidad. En términos generales, los blastocistos tardíos tienen mayor tasa de implantación que los blastocistos tempranos. Esto se debe a que un blastocisto tardío ha superado las fases críticas de diferenciación celular y ha alcanzado una mayor estabilidad y preparación para interaccionar con el endometrio materno. Además, la eclosión o hatching (ruptura de la zona pelúcida) es un paso necesario para que el embrión se adhiera e implante en el endometrio del útero.
Sin embargo, la implantación no depende únicamente del grado de expansión de un blastocisto, no se puede descartar completamente la capacidad de implantación de un blastocisto temprano, especialmente si las condiciones uterinas son óptimas.
Es imprescindible también la sincronización entre el desarrollo embrionario y la receptividad endometrial, de forma que el endometrio se encuentre preparado para la implantación a la vez que tenemos el embrión para la transferencia en estado de blastocisto.
En conclusión, aunque estadísticamente un blastocisto tardío puede presentar mayores probabilidades de implantación, la decisión debe basarse en la evaluación individual de cada paciente y embrión.
