El miércoles pasado, mi mujer y yo tomamos una decisión: iríamos a punción con solo un folículo, sabiendo el riesgo que conlleva. Sabíamos que por mi baja reserva y la casi nula respuesta de la medicación, las posibilidades eran bajísimas. La punción fue bien y, por un rato, la esperanza estuvo viva. La doctora nos dijo que había ovocito y nos fuimos a casa con ese rayito de esperanza. No llevábamos ni 15 minutos en casa cuando nos llamaron para darnos la mala noticia: el ovocito no era maduro. Y hasta aquí se queda mi posibilidad de gestar un bebé con mis óvulos. Es muy duro, más de lo que me imaginaba. Ahora, el próximo intento lo haremos con los óvulos de mi mujer, intentando gestar yo. Pero ahora toca recuperarme. La esperanza es lo último que muere.