Nada va a llenar el vacío que tenemos al no poder ser padres, por ello tras 3 IA y una FIV fallidas vamos a por nuestra segunda FIV.
Mi nombre es Isabel, o como me conocen en la web Eduisa, y mi esposo es Eduardo. Somos peruanos.
Yo tengo 38 años y Edu 39.
Hace casi cuatro años atrás recién me case, después de 17 años de enamorados a escondidas sin pensar que los años pasaban para ser padres. Todo ello porque yo tenía mucho temor de dejar sola a mi mama, que es mi adoración. Ella al principio no quería a Edu, pero ahora lo estima mucho; si yo hubiese sabido eso hace muchos años me hubiera casado y ahora ya tendríamos hijos.
A los dos años de casados nos planteamos ser padres, fuimos a consulta y nos hicieron todas las pruebas de fertilidad a mi esposo y a mí. Resultó que todo estaba bien aparentemente. Me dijeron que tengo ovarios poliquísticos; unos médicos me querían operar y otros no.
Al principio tuvimos relaciones programadas: me estimularon los ovarios con pastillas y nos dijeron cuando debíamos tener relaciones. Este método no funcionó, el óvulo se convirtió en un quiste y me dieron un tratamiento con anticonceptivos para normalizar el ovario.
Pasamos a las inseminaciones artificiales; nos realizamos tres inseminaciones, todas ellas con altas dosis de hormonas debido a mi edad, según el doctor. En ellas desarrolle un solo óvulo, por lo que no tenía muchas posibilidades de salir embarazada y el resultado fue negativo.
Todos estos negativos me marcaron y hacen que me arrepienta por no haber sido valiente y decidir por mi felicidad; yo jamás pensé que iba a pasar por todo esto.
Tras esto, pasamos a la fecundación in vitro. En nuestra primera FIV solo se obtuvieron dos ovocitos y también resultó negativa.
Mi esposo es mi media naranja, es maravilloso. Él me adora, está a mi lado dándome fuerzas para seguir adelante. Le planteé adoptar un niño, pero él me dice que esperemos un poco porque quiere que podamos tener nuestros propios hijos y si no puedo quedar embarazada sí que vamos a adoptar.
Ahora vamos a por nuestro segundo intento en FIV con la esperanza y fe en Dios.
Les cuento mi historia para que aquellas mujeres que se dedican solo a trabajar, a crecer profesionalmente y van postergando la maternidad sin pensar en el estrés, la carga de trabajo o el hecho de esperar a tener todas las comodidades, se den cuenta que nada va a llenar el vacío que tenemos al no poder ser madres.
Ahora estoy más cerca de Dios y dejo que él decida por mí. Antes yo le reprochaba ignorantemente, no quería entender sus designios, y ahora si lo hago, por que el me ha hecho sentir su presencia en cada prueba que nos da. Me era difícil entender porque nos duele y él ve hasta donde o cuanto lo amamos.
Amigas mucha fe.
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