La reproducción en el Antiguo Egipto

En el antiguo Egipto, la mujer gozaba de un estatus legal similar al del hombre, y la infertilidad no se consideraba un castigo divino, como en otras civilizaciones, sino una enfermedad que debía ser diagnosticada y tratada.

Los egipcios desarrollaron métodos para el diagnóstico de las mujeres infértiles a partir del concepto de que los órganos genitales estaban en continuidad con el resto del cuerpo, y especialmente con el tracto digestivo en las mujeres fértiles. No obstante, sabían que no todos los casos de infertilidad eran de origen femenino, puesto que en varios relatos e historias mitológicas se alude a la infertilidad masculina.

Aunque sus conocimientos sobre anatomía eran más bien escasos, utilizaban ya algunos términos anatómicos referentes a los genitales femeninos como útero, vulva, labios o cérvix. Supieron también establecer el vínculo claro entre la sexualidad y la procreación.

Sin embargo, no sabían mucho sobre el proceso reproductivo; aunque conocían el papel de la semilla del varón, pero sin comprender la química necesaria para la procreación. Pensaban que esta semilla del varón procedía de la médula ósea y causaba la formación del esqueleto del bebé en el vientre de la mujer, y la carne, a su vez, es proporcionada por la madre.

Primeros tratados sobre ginecología

Los egipcios dejaron escritos los primeros tratados médicos de los que hay constancia, entre los que destaca el papiro Kahoun, el texto médico más antiguo conocido, y quizás también, el primer tratado de ginecología datado hacia el año 1.900 a.C. En él se describen una serie de síntomas ginecológicos y obstétricos principalmente, luego explica lo que debe decir el médico y al final el tratamiento.

También destaca el papiro de Ebers (llamado así por el egiptólogo alemán que lo adquirió en el siglo XIX), datado 100 años después, el más largo de todos, con 20 metros de longitud, 180 páginas y más de 900 recetas.

En él aparece la receta exacta para el primer test de embarazo de la historia basado, como los actuales, en el análisis de orina y en la acción de las hormona que en ella se encuentran.

La técnica consistía en que las mujeres supuestamente embarazadas debían orinar en una vasija en la que habían depositado semillas de trigo y cebada combinada con arena y dátiles. Si la falta de regla se debía a la esterilidad de la mujer, las semillas no germinarían, mientras que si lo hacían, delatarían la capacidad fecundante de las secreciones de la mujer, y por tanto, que la falta de regla se debía a un embarazo.

Y fueron mucho más allá:

  • Si la semilla germinada era de trigo, el hijo sería una niña.
  • Si solo crecía la cebada, sería un niño.

Otros tratados, sin embargo, parece que tenían una menor base científica. Los papiros contienen también numerosas recetas para determinar si una mujer puede concebir o no: “Se recomienda verter sandía mezclada con leche sobre el cuerpo de la mujer a la vez que el hombre penetra la vagina de la mujer. Si vomita, se quedará embarazada”.

Sin embargo, y a pesar de sus conocimientos, los egipcios también vieron en los dioses un modo de invocar y asegurar la fertilidad, tal y como lo reflejan las numerosas divinidades relacionadas con ella:

  • Min: dios de la fertilidad, representado con el pene erecto como símbolo de ésta y el brazo levantado sosteniendo un látigo
  • Isis: reina de los dioses, la gran diosa madre, divinidad de las cosechas y de la fertilidad.
  • Bat: diosa de la fertilidad.
  • Bastet: diosa del amor y de la fertilidad.

Un comentario

  1. usuario

    Madre mia… que locura! Parece mentira que hace tantos años se conocieran ya algunos conceptos y procedimientos “actuales”. Muy interesante!

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