Reproducción y fertilidad en el Renacimiento

El Renacimiento, principalmente a partir del siglo XVI, fue un período de gran avance científico, también en el cambio de la reproducción y la fertilidad.

Avances científicos en reproducción

Ya en 1543, Andrés Vesalio, escribió su obra de anatomía humana “De humani corpis fabrica” con secciones anatómicas de los órganos genitales femeninos basados en la observación directa y rechazando algunos errores anatómicos presentes en las obras de Galeno; por ello es considerado el fundador de la anatomía moderna.

Poco después, en 1552, Bartolomeo Eustachio, discípulo de Vesalio y profesor de la Universidad de Roma, dibujó el útero y sus vasos. Igualmente, Gabriel Faloppio describió las trompas que llevan su nombre, junto con el clítoris, la vagina y la placenta.

En 1651, William Harvey, famoso médico y anatomista inglés desarrolló una nueva teoría sobre el desarrollo embrionario humano según la cual las estructuras especializadas que un individuo desarrolla paso a paso proceden de estructuras no especializadas a partir del ovocito. Esta teoría se conocería como “ex ovo omnia”, es decir, todo procede del huevo.

Unos años más tarde, un científico y tallador de lentes holandés llamado Anthony Von Leeuwenhoek fue el primero en observar espermatozoides en el eyaculado de un enfermo de sífilis con la ayuda de un rudimentario microscopio que él mismo había ideado, pero los confundió con parásitos causantes de esta enfermedad.

Un año más tarde, en 1678, un compatriota suyo, Nicolás Hartsoekerz postuló que las células observadas por Leeuwenhoek eran seres humanos muy pequeños en preformación a los que llamó homúnculos, y que al ingresar en el cuerpo femenino, éste otorgaba las condiciones idóneas para que este homúnculo se desarrollara.

Infertilidad atribuída a la mujer

Después de esto, hizo falta casi un siglo más para que el razonamiento médico adoptara finalmente la metodología científica. A pesar de todo, la infertilidad se seguía atribuyendo únicamente a la mujer. En 1773, el fisiólogo y sacerdote italiano Lazzaro Spallanzani le daba la vuelta a la teoría vigente hasta entonces pensando que el ser humano preformado se encontraba en el interior del óvulo de la mujer y que el semen confería los nutrientes necesarios para que éste se desarrollara, mientras que los espermatozoides eran únicamente parásitos comunes del líquido seminal.

No obstante, siete años más tarde pensó que, efectivamente, los espermatozoides podrían estar implicados de algún modo en la fecundación, inseminando una perra y consiguiendo la fertilización de huevos de rana con esperma, demostrando que los ovocitos solo se transformaban en renacuajos cuando eran rociados con esperma.

De hecho, el propio Spallanzani fue también el primero en experimentar con la criopreservación del semen al observar que el esperma enfriado por la nieve se había quedado inmóvil y que, parte de ellos, volvían a adquirir movimiento al calentarse.

A finales de este siglo XVIII y sin entenderse bien el mecanismo de la fecundación ni el papel exacto de los gametos en la misma, el cirujano escocés John Hunter realizó los primeros intentos de inseminación artificial humana dando lugar a un niño sano en 1785.

Tomó con una jeringa el semen de un hombre con hipospadia, esto es, una deformación del pene que hace que en el momento de la eyaculación, éste caiga fuera de la vagina, y lo depositó en la vagina de su esposa, con el resultado esperado.

Un comentario

  1. usuario
    Carles

    ¡Anda! Y yo que pensaba que las inseminaciones eran cosa del siglo XX y veo que ya se hacían en 1700 y pico… Por supuesto que la técnica no sería la misma, digo yo, tal y como avanza la ciencia. También me impresiona lo de congelar el esperma en la nieve y yo que creía que era muy complicado que sobrevivan después. Genial las curiosidades chicos.

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