¿Somos como somos solo por nuestros genes? – El efecto de la epigenética

Desde que D. Watson y Francis Crick definieron la estructura del ADN en 1953, la ciencia ha avanzado muchísimo poniendo de relieve cómo la construcción del ser humano sigue unas instrucciones marcadas en las células y que esa codificación se hereda.

Así es, pero… ¿no hay nada que hacer? ¿lo que somos viene únicamente definido por esa codificación inmutable?

A esta pregunta la respuesta es: regulación epigenética. Un paso más que la ciencia ha dado para que podamos comprender el mecanismo que define lo que somos. En este sentido, se ha demostrado que el material genético de nuestras células no es lo único que determina cómo somos. Cómo crecen y se diferencian las células dando lugar a las diferentes partes que forman lo que somos: nuestro organismo.

¿Qué es la regulación epigenética?

La epigenética la componen los cambios que ocurren en los genes sin que se produzca una modificación de la secuencia de nucleótidos, en ese código inmutable del que hablábamos, que son los componentes de las cadenas de ADN.

Los cambios epigenéticos los establecen un conjunto de moléculas que se colocan alrededor de las cadenas de ADN, y que van a determinar la expresión de los genes activándolos o silenciándolos. Es decir, hay factores diferentes al ADN que hacen que este se modifique, haciendo que unos genes se activen y otros se silencien, que no se expresen. Esa es la regulación epigenética. Se llama así porque está por encima de la genética en la definición del organismo (epi = sobre).

Esta regulación epigenética es importante a lo largo de toda la vida, pero es especialmente importante durante el desarrollo embrionario y fetal, puesto que ocurren procesos claves para la vida, como la diferenciación y especialización celular.

A pesar de todas las células de nuestro cuerpo tienen la misma secuencia de ADN, cada una de ellas acaba desempeñando una función específica durante la diferenciación y especialización celular gracias a la epigenética.

Los gametos (óvulos y espermatozoides) tienen también sus propios cambios epigenéticos, pero cuando se forma el cigoto tras la fecundación, se produce la reprogramación epigenética; es decir, desaparece la epigenética de los padres para evitar la posible acumulación y transmisión de errores.

Así se forma un nuevo epigenoma en el embrión gracias al ambiente intrauterino, que aporta las moléculas necesarias para ello.

Epigenética en el útero

Durante el desarrollo dentro del útero gracias a los fluidos maternos, el embrión obtiene elementos que se unirán a sus genes interviniendo es su expresión y por tanto afectando al desarrollo embrionario, por lo que podemos decir que la madre modifica la información genética del niño.

La dieta, el ejercicio, el estrés, el tabaco, etc. influyen en el epigenoma del bebé. En el caso de los alimentos, la mujer metaboliza los nutrientes y de ellos obtiene diferentes moléculas, como por ejemplo los grupos metilo que silencian los genes al modular el ADN.

El ácido fólico ayuda a aumentar los grupos metilo, por lo que aquellas dietas con alto contenido en este nutriente están implicadas en la expresión de los genes, en cómo los genes se activan o se apagan.

Se ha demostrado que se pueden transmitir algunas enfermedades en el útero, como la obesidad y la diabetes. Si la madre tiene una dieta muy calórica durante el embarazo, produce obesidad en el futuro hijo cuando éste sea adulto.

Lo mismo ocurre con la diabetes gestacional, si la madre la padece el feto está expuesto a elevados niveles de glucosa, que desencadenan cambios epigenéticos. Si es una niña tendrá mayor probabilidad de desarrollar diabetes gestacional en la edad adulta.

Por lo tanto, la epigenética adquirida en el útero puede tener consecuencias a largo plazo, en la edad adulta del hijo.

Epigenética en ovodonación

El epigenoma determina la susceptibilidad a enfermedades, influye en el carácter y puede mediar en algún rasgo físico. Una persona es como es gracias a su genética, a la epigenética y al ambiente.

La madre tiene un papel clave más allá de los genes, el ambiente intrauterino es fundamental para el buen desarrollo del embrión. Las moléculas secretadas por la madre pueden influir en la apariencia del futuro hijo tanto física como psíquicamente.

Por lo tanto, las mujeres que tienen hijos gracias a óvulos de donante moldean el ADN embrionario, poniendo una significativa parte de sí misma en el “cómo” será su futuro hijo.

2 comentarios

  1. usuario
    Mielgo

    Entonces, ¿aunque los óvulos sean de donante si hay influencia de la mujer en el desarrollo del bebé, no? Es que a mi mujer le está costando un poco esto de la donación de óvulos…

    • usuario
      masvidareproduccion

      Efectivamente, como puedes ver en el artículo, los genes son sólo una de los factores que intervienen en el desarrollo del bebé. El ambiente, todo lo que rodea al embrión durante su proceso de crecimiento en la cavidad uterina, afecta de manera enormemente significativa en lo que será vuestro bebé. Por otra parte, cuando asignamos gametos procedentes de donantes (ovocitos, espermatozoides o ambos) el proceso de selección es muy riguroso y delicado pues tratamos de que las características físicas (el fenotipo) sea los más parecido posible a los futuros padres. Te recomiendo le pases el artículo o se lo leas para que comprenda cómo, lo más importante en el desarrollo del embrión, sucede una vez es transferido al útero de ella.
      Sin lugar a dudas será vuestro hijo.

Las cookies nos permiten ofrecerle publicidad personalizada y recopilar datos estadísticos. Si continua navegando consideramos que acepta nuestra política de cookies.   Aceptar