La amniocentesis o punción amniótica es una prueba prenatal en la cual se extrae una muestra del líquido amniótico que rodea al feto para analizarla.
Puesto que se trata de una prueba diagnóstica invasiva, la amniocentesis tiene algunos riesgos que comprometen el embarazo. No obstante, la amniocentesis es de gran utilidad a la hora de detectar si el feto presenta alguna anomalía o malformación.
En general, se recomienda a todas las mujeres mayores de 35 años llevar a cabo este análisis del líquido amniótico puesto que hay mayor riesgo de que se encuentren anomalías fetales asociadas a la edad materna.
A continuación tienes un índice con todos los puntos que vamos a tratar en este artículo.
La amniocentesis consiste en el estudio del líquido que hay en el interior del saco amniótico con el fin de determinar si el feto se está desarrollando correctamente o, por el contrario, presenta alguna enfermedad o alteración.
Al estar rodeando al feto durante toda la gestación, el líquido amniótico contiene células fetales, las cuales se desprenden de su piel y su intestino, además de sustancias químicas producidas por el feto que podrán analizarse.
Para obtener el líquido amniótico, es necesario hacer una punción con una aguja larga y fina, la cual se introduce a través de la pared abdominal y atraviesa la pared uterina y la bolsa amniótica.
A continuación, se recogen entre 20 y 25 ml de líquido amniótico y se retira la aguja con mucho cuidado.
Esta intervención está controlada por ecografía para evitar dañar al feto en algún momento.
Una vez obtenidas las células que contiene el líquido amniótico, es posible hacer un cariotipo del bebé, es decir, el análisis detallado de todos sus cromosomas.
La amniocentesis se realiza normalmente en el segundo trimestre de embarazo, cuando la mujer tiene entre 15 y 20 semanas de gestación.
Lo más recomendable es hacer la amniocentesis entre la semana 16 y 18 como muy tarde, ya que en este momento todavía es posible interrumpir el embarazo si se confirma que el feto tiene alguna patología grave.
En este momento, el riesgo de aborto espontáneo es menor, ya que la mujer ya ha pasado la barrera del primer trimestre.
Por otra parte, antes de la semana 15 de embarazo, la cantidad de líquido amniótico todavía no es suficiente y, además, la membrana amniótica es aún muy sólida para hacer la punción.
La principal indicación para recurrir a una amniocentesis es la edad materna. Se recominda hacerla a partir de los 35 años, ya que el riesgo de que el bebé presente alguna anomalía genética o cromosomopatía empieza a ser mayor. A partir de los 40 años, es casi obligatorio hacer una amniocentesis.
También es muy importante tener en cuenta los antecedentes de la mujer. Por ejemplo, si la embarazada ha tenido algún aborto espontáneo en el pasado y, sobre todo, si ha tenido embarazos previos con alteraciones cromosómicas o malformaciones fetales.
Por último, en caso de haberse hecho alguna prueba diagnóstica previa con resultado alterado, también será necesario hacer una amniocentesis para confirmar el resultado. Sería el caso del triple screening que se hace en las semanas 10-12 de embarazo.
Esta prueba diagnóstica prenatal tiene la ventaja de poder detectar multitud de alteraciones fetales, pero los resultados más comunes son los siguientes:
Otra utilidad de la amniocentesis es que permite conocer el sexo del bebé, aunque no es la finalidad de la prueba.
Como ya hemos comentado, la amniocentesis es una prueba invasiva y, por tanto, implica algunos riesgos al hacer la punción.
A pesar de ello, el riesgo de aborto involuntario es menor del 1% y es considerada una prueba segura en la mayoría de los casos.
Lo más importante es que el procedimiento lo haga un médico experto, que sepa ver por ecografía el lugar exacto donde hacer la punción sin que pueda dañar al feto.
En pocas ocasiones, alrededor del 1%, no es posible realizar la intervención correctamente en el primer intento y hay que repetir la punción amniótica.
Por otra parte, la amniocentesis duele en el momento de introducir la aguja, y también es posible sentir molestias en la zona abdominal durante la extracción del líquido amniótico.
Otros posible riesgos o efectos secundarios de la amniocentesis son los siguientes:
Algo muy importante en el momento de decidir si hacer o no una amniocentesis es tener claro a qué atenerse cuando se reciban los resultados. Si finalmente se revela que el bebé padece una anomalía, la mujer o la pareja tendrán que tomar la decisión de abortar o continuar con el embarazo a pesar de todo.
En algunos casos, los padres no están dispuestos a interrumpir el embarazo voluntariamente bajo ningún concepto y, por tanto, no tendría sentido correr los riesgos de la amniocentesis.
En los últimos años, se han ido desarrollando nuevos métodos de detección precoz de alteraciones fetales con el fin de reducir el número de amniocentesis llevada a cabo.
A continuación, vamos a comentar algunas de estas pruebas alternativas:
Si deseas obtener más información acerca de las diferentes técnicas de diagnóstico prenatal, puedes visitar el siguiente artículo: Técnicas de diagnóstico prenatal invasivas y no invasivas.
La amniocentesis es una técnica invasiva que puede producir rotura de la bolsa amniótica o abortos en un escaso porcentaje de los casos. A fin de evitar este riesgo, se han puesto a punto distintas opciones para intentar evitar esta prueba, y su técnica hermana, la biopsia corial:
Sí. Después de someterse a un test prenatal invasivo como es la amniocentesis, lo recomendable es guardar reposo absoluto al menos 24-48 horas. A partir del tercer día desde que se realizó la amniocentesis, salvo que el médico indique lo contrario, es posible continuar con la rutina diaria.
Sin embargo, se aconseja evitar las relaciones sexuales durante los siete días posteriores a la amniocentesis.
En caso de tener calambres de gran intensidad, notar pérdida de líquido amniótico o presentar sangrado, lo mejor será comunicarlo lo antes posible al médico.
La amniocentesis es una prueba de diagnóstico prenatal invasivo que está contemplada en la cartera de servicios de la Seguridad Social. Por tanto, esta prueba se puede realizar de manera gratuita.
No obstante, las embarazadas de alto riesgo tienen preferencia para recibir el diagnóstico rápido, mientras que el resto tendrán que esperar un poco más a tener los resultados de la amniocentesis.
Pese a que es una prueba gratuita en España, algunas mujeres deciden hacerse la amniocentesis en una clínica privada. En este caso, el coste de la amniocentesis rondará los 700-800€. Además, es posible que la embarazada tenga que abonar un suplemento de 150-300€ por el diagnóstico rápido.
Normalmente, las compañías aseguradoras privadas suelen cubrir la amniocentesis, pero si se desea obtener los resultados con las técnicas de diagnóstico rápidas, sí habría que pagar el anterior suplemento.
En principio no sería necesario hacer la amniocentesis en mujeres que han logrado el embarazo mediante ovodonación.
Cuando se realiza una FIV con ovodonación, los óvulos donados provienen de donantes jóvenes y sanas. Por este motivo, los óvulos de las donantes tienen una baja probabilidad de acumulación de mutaciones genéticas.
No obstante, las mujeres embarazadas por FIV con ovodonación sí que deben someterse al cribado combinado del primer trimestre. Este estudio no presenta ninguna complicación ni riesgos gestacionales a diferencia de la amniocentesis.
En cualquier caso, se recomienda siempre seguir las indicaciones del médico responsable del control del embarazo.
Si quieres conocer todas las pruebas que se suelen hacer a lo largo de las 40 semanas de gestación, puedes seguir leyendo en el siguiente artículo: Control médico durante el embarazo.
Otra prueba que ofrece resultados similares a la amniocentesis y que puede realizarse antes de las 15 semanas es la biopsia corial. Conoce todos los detalles en el siguiente post: ¿Qué es la biopsia de vellosidades coriales?
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